Sirvienta, empleada, trabajadora de hogar. Género, clase e identidad en el franquismo y la transición a través del servicio doméstico (1939-1995)

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Sirvienta, empleada, trabajadora de hogar. Género, clase e identidad en el franquismo y la transición a través del servicio doméstico (1939-1995)

Eider De Dios Fernández

2018
Universidad de Málaga
Impreso:
9788417449001
477 páginas
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Durante la II República se dieron mejoras legales en el servicio doméstico. A pesar de que
dichas reformas disfrutaron de una corta vida, sindicatos como la CNT y la UGT prestaron
atención a las trabajadoras del servicio doméstico, crearon secciones específicas para ellas y
llevaron a cabo varias movilizaciones. Las movilizaciones más significativas tuvieron lugar en
Andalucía y, cuando concluyó la Guerra Civil, estas mujeres sufrieron la represión del régimen
franquista. Las “chachas sindicalistas” eran el mejor ejemplo del desorden social y, por ello, el
régimen quería establecer un tipo de servicio doméstico que consideraban tradicional: una
especie de semiadopción en régimen de internado. Al servicio doméstico se le excluyó de toda
normativa legal. Había dejado de ser un trabajo, se trataba de un acto de buena voluntad
ejercido por ambas partes: una familia humilde depositaba a su joven hija al servicio de otra
familia de posición desahogada y esta debía brindar a la muchacha, aparte de la manutención,
ciertos conocimientos. Sin embargo, el servicio doméstico durante el primer franquismo no
sólo funcionó como una estrategia de supervivencia para las clases populares vinculadas con
los/las perdedores/as de la guerra, también era un medio de reeducación de estas clases
sociales.
Las chicas que desde finales de la década de los cincuenta entraron en el servicio doméstico
ya no lo hicieron como estrategia de huída de la represión y de la miseria sino como una forma
para emigrar y mejorar sus expectativas de juventud. Su actitud había cambiado al igual que lo
había hecho la relación con sus patrones. El cambio se simbolizaba en la empleada de hogar,
un nuevo agente histórico que iba en relación al nuevo modelo de mujer, la mujer trabajadora.
El servicio doméstico dejó de ser un servicio de buena voluntad para convertirse en algo cada
vez más parecido a un trabajo. Los medios de comunicación fueron conscientes de estas
modificaciones y, por ello, durante las décadas de los sesenta y setenta se hicieron una gran
cantidad de películas con la temática del servicio doméstico cuyo máximo exponente fue
Gracita Morales.
Antes de la llegada de la Transición las empleadas de hogar ya se habían movilizado a través
de la JOC, y habían conseguido que su mensaje sobre el agotamiento del régimen de
internado calara en la sociedad. Durante la transición, varios sindicatos de clase formaron
grupos de empleadas de hogar. No obstante, se demostró su ineficiencia para agrupar a
sectores masivamente feminizados como el servicio doméstico. La lucha parecía que debía
encauzarse desde el feminismo y de esta manera se formaron las primeras Asociaciones de
Trabajadoras de Hogar. La lucha de las trabajadoras de hogar muestra los límites de la
transición porque precisamente la empatía que habían generado en la sociedad se quebró
cuando pretendieron ser igualadas al resto de sectores laborales. Sin embargo, en lugar de
visibilizar a este colectivo como víctimas, tenemos que apreciar su gran capacidad para
cuestionar la estructura social o la conciliación y solo podremos hacerlo a través de sus
propias palabras.